Equivocarse: Una oportunidad para aprender

Desde la infancia, se nos vende la idea de que equivocarse es malo. Cada vez que cometemos un error al escribir o hablar se nos regaña, haciendo hincapié de lo tontos o imperfectos que somos. Esta idea de que sólo se aprende a través de lo que es correcto o por los resultados obtenidos, se percibe en el tipo de premios que brinda el mundo, como son las calificaciones universitarias, las competencias deportivas e incluso los premios científicos, en los cuales el esfuerzo o el avance que una persona tiene de modo personal no es medido en sí mismo, sino que de modo estadístico se mide quien llegó más lejos.

El hecho mismo de que al equivocarnos tendremos que iniciar otra vez, es motivo suficiente (junto al párrafo anterior), para que a ninguno nos parezca delicioso equivocarnos.

Tipos de Equivocandos´

Aunque soy partícipe de no adentrarme en los problemas, sino en las soluciones, creo que es pertinente saber cómo actúan diferentes tipos de personas ante las situaciones adversas para hacernos una idea más clara de su abordaje:

  1. Omnipotentes: Este es el grupo de personas que aunque todos podamos decir que se han equivocado, entienden que es conspiración del mundo y no su propia culpa. Estas personas son incapaces de atribuirse el error, ya que para ellos se debe a las circunstancias, acciones de otras personas, falta de planificación entre otros. Estos individuos suelen ser líderes falsos y no tienen las mejores relaciones interpersonales. No se equivocan, así que no tienen “frustraciones propias” .
  2. Omniculpables: YO debí, YO tenía que, el error se debió a que YO. Este es el grupo de Gokú. Son las personas que siempre deben salvar las situaciones, sin importar lo que pase. Todos los errores que ocurran entienden que debió ser por ellos y termina siendo así, ya que difícilmente pueden delegar funciones a los demás. Fluctúan entre la culpabilidad y la motivación para salvar el mundo.
  3. Ehh, dónde, cuando?: Este grupo no sabe qué hacer, o porque no conoce el proyecto completo, por cuestiones de inteligencia o debido a que nunca estuvo comprometido. Suelen ser chivos dirigidos por otros, que pueden crear pequeñas cosas guiadas por los demás. Estas personas no suelen escalar en posiciones de poder o ser emprendedores realizando proyectos propios.
  4. ONG Andantes: Están inmersos en más proyectos de los que pueden y aunque son personas buenas no pueden cumplir con las responsabilidades que se les asignan. Al equivocarse deben dar escusas no muy válidas y se les suele dar asignaciones menores. Son muy comprometidos pero muy poco organizados.
  5. Luces, cámara…: Esperan una opinión ajena aunque la suya sea mejor. No suelen ser la cabeza de nada y no toman decisiones sobre lo que se hizo o lo que hay que hacer para corregir los errores. Piensan tanto y hacen tan poco, que sólo toman la dirección de proyectos cuando no hay otra opción, si no es que los abandonan. Su imposibilidad a actuar no es indicativo de que no les importe el proyecto y pueden ser muy comprometidos, aunque no tengan gasolina propia.
  6. Manada: “Todos para uno y uno para todos” es el lema de vida de esta gente. Son aquellos que viven para el grupo. Asumen sus errores y responsabilidades, pueden ser líderes, pero delegan responsabilidades a los demás, pensando más en el proyecto que en los reconocimientos y trabajando bajo la visión de mejorar y no de corregir. Son difíciles de encontrar y al no personalizar los proyectos, pueden hacerlos llegar más lejos.

Nota:  Esta es una visión general y muy personal, ya que al final estas posturas pueden variar dependiendo la actividad, el ciclo en el que se encuentre la misma o factores relacionados a la temática o composición del grupo, por lo que es más un esquema, aplicable tanto a un estudiante que hace sus tareas, como a una empresa que está quedando en bancarrota.

Equivocarse: Una mirada diferente

Equivocarnos nos obliga a diseñar nuevas estrategias de solución de los problemas

El equivocarse, al igual que el modo en el que actuamos, responde a situaciones diversas: falta de conocimiento, compromiso, tiempo, esfuerzo, motivación, beneficios o factores aleatorios. Existen modos de minimizar los errores, pero en esta entrada nos concentraremos en ver exclusivamente, qué podemos aprender de los errores.

El primer aprendizaje inicia con la reflexión de que la equivocación es natural. No existe nadie que no se equivoque, por lo que el error es parte de la vida. Esta no es una justificación para que no planifiquemos y nos preparemos con antelación ante los eventos que se puedan presentar, es más el hecho de entender que somos humanos y que puede que haya situaciones que se nos escapen. Para la gente que es perfeccionista esto suele ser un balde de agua fría, pero hay que echárselo.

Los errores no son equivocaciones, sino que son resultados que no esperamos. Este resultado es un tipo de conocimiento que nos habla sobre cómo no debemos realizar las cosas, por lo que la experiencia nos llevará a que nuestro siguiente encuentro con la realidad sea más acertado. Por lo tanto, equivocarnos nos lleva a aprender sobre el fenómeno al que nos enfrentamos, hacer una revisión de lo que ya sabemos y planificar qué podríamos hacer mejor. De por sí, sabido es que los mayores aprendizajes que la gente tiene, nacen del esfuerzo y la dedicación, por lo que la equivocación es sólo un paso para volvernos expertos.

Las equivocaciones también ayudan a ser empáticos con los demás. El entender cómo funciona la frustración en el proceso de aprendizaje en nosotros mismos, nos ayudará a entender a otros en sus propios procesos.

Por otro lado, las equivocaciones nos hablan de nuestros intereses y habilidades. Muchas veces elegimos empleos y carreras que no van de la mano con quienes somos. El reprobar un examen de admisión en una Universidad o no pasar la entrevista laboral, por ejemplo, puede ayudarnos a replantearnos si es ese nuestro real horizonte.

Por último, las equivocaciones nos obligan a ser creativos. Como suelen tener una cuota de esfuerzo, nos llevan a planificar con antelación y no actuar a la ligera, sin razonar al respecto, de modo que incluso, tengamos varias hipótesis sobre cómo podríamos actuar.

Todos estos beneficios, van de la mano con otros, como el reto que tendremos de ser constantes y el desarrollo de autovaloración sin importar lo que se nos presente. Sé que hay muchos beneficios más, por lo que si se te ocurre otro, puedes colocarlo en los comentarios.

En mi siguiente artículo, les ampliaré sobre el manejo de las frustraciones.

Hasta la próxima.

Escrito por Hamlet Arias
Soy Psicólogo Clínico dominicano con amplia experiencia como orientador vocacional, ejercicio que he realizado casi una década.